En esta esquina: lo bueno (muy bueno) y lo malo (muy malo) de Munguía vs Derevyachenko

En esta esquina: lo bueno (muy bueno) y lo malo (muy malo) de Munguía vs Derevyachenko

Por Sócrates Seamanduras

La victoria de Jaime Munguía sobre Sergiy Derevyachenko, el pasado sábado en Ontario, deja varias lecciones y puntos de análisis, y a lo largo de 12 rounds, el tijuanense mostró cosas buenas, muy buenas, y sacó a relucir cosas malas, muy malas.
De entrada, algo de contexto. Munguía venció a Derevyachenko por decisión unánime (por 1, 1 y 3 puntos en las tarjetas), en una pelea sumamente disputada. Era la primera pelea de Munguía en la división Supermedio, división en la que el ucraniano había realizado sus últimas 6 peleas, 4 de ellas derrotas pero todas, ante peleadore que ya fueron campeones del mundo.
La victoria de Munguía fue justa, bien disputada y con un veredicto justo en el que una caida en el último round, fue la clave de su triunfo.
Lo bueno: Munguía mostró valentía, resistencia y capacidad de soportar 12 rounds de un ritmo intenso de pelea. Traía buena condición.
Lo muy bueno: La capacidad para regresar y recuperarse de momentos de apremio, saber cambiar de ritmo y distancia, cerrar peleando con más inteligencia y táctica que “amígdalas” y descubrir, sobre el ring, que el golpeo al cuerpo puede y suele ser más contundente que insistir y aferrarse en soltar golpes al rostro.
Lo malo: Se vio lento ante un rival que no se caracteriza por ser tan rápido, no pudo (o no supo) imponer su jab teniendo clara ventaja en alcance, su recorrido de ring lo dejó mal parado en muchas ocasiones, permitió que Derevyachenko lo abrazara cuando se sentía lastimado pero el propio Munguía no lo hizo cuando recibió golpes de poder y le faltó variedad en su ofensiva, tirar golpes desde distintos ángulos.
Lo muy malo: Su defensa. Recibió golpes de poder, combinaciones, contragolpes, de todo y muy seguido, es más, hasta recibió muchos jabs de un rival más pequeño. Y la defensa le falló en todos lo sentidos, la defensa pasiva, con sus brazos protegiéndolo, con sus movimientos de cintra y piernas, así como la defensa activa, no hizo pasos laterlaes, no se abrazó, no jabeó.
Munguía ganó una guerra, pero el rival no era como para que le diera una pelea de este tipo. El físico, la edad y la fortaleza de Jaime, era para que le infrigiera su primer nocaut a Derevyachenko, o al menos, le ganara una decisión clara, amplia.
Las derrotas de Sergiy Derevyachenko han sido por decisión dividida contra Daniel Jacobs en 2018, contra Gennady Golovkin por decisión unánime (por 3, 3 y 1 punto) en 2019, contra Jermall Charlo por decisión unánime (esta sí amplia, por 4, 6 y 8 puntos) en 2020 y contra Carlos Adames por decisión mayoritaria (por 4 y 2 puntos, y un empate) en 2021.
Munguía le ganó a Derevyachenko por 1 punto en las tarjetas de dos jueces, gracias al último round 10-8 por la caida, y esa caída fue producto de un sólido, limpio, preciso y perfectamente ejecutado izquierdado al cuerpo, entre hígado y costillas. El ucraniano se fue irremediablemente a la lona, con un gesto de dolor evidente, pero se levantó y terminó la pelea de pie.
Ese golpeo al cuerpo es lo que se le pedía a Munguía desde el principio de la pelea, y aunque conectó algunos, no lo buscó tan determinadamente como sí buscaba conectar su gancho de izquierda al rostro, su golpe característico que tantas victorias le ha dado (incluida su coronación como campeón mundial Superwelter OMB en 2018) pero que le hacía abrir su guardia, lo que aprovechaba su rival para contragolpear a placer.
Buen triunfo, sufrido, disfrutable para la afición y de esos que le permiten ganar adeptos, reconocimiento y credibilidad, aunque la duda es que si la versión de Jaime Munguía ante Derevyachenko, le permitirá vencer a los boxeadores top de la división como Saúl “Canelo” Álvarez, David Benavidez, o un guerrero tipo Derevyachenko como Caleb Plant, o bien a uno que puede subir como Jermall Charlo o uno que puede bajar como Dimitri Bivol.

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