Brasil venció a Egipto en su último amistoso pre Mundial

Brasil venció a Egipto en su último amistoso pre Mundial

A una semana del debut en el Mundial frente a Marruecos, Brasil midió fuerzas con otro seleccionado árabe, Egipto, en el último amistoso de preparación. Si es una de las favoritas, quizás, por el peso de su historia, no lo hizo notar más que en el resultado: no le sobró nada en la victoria por 2-1 con los goles de Bruno Guimaraes y Endrick.

Parecía que la tarde en Cleveland, Estados Unidos, arrancaba serena para el combinado que dirige Carlo Ancelotti. La excesiva pasividad del volante Mohaned Lasheen para recibir en la salida, demorando mucho en desprenderse del balón, derivó en un apriete perfecto de Bruno Guimaraes, a los siete minutos: se metió en el área de frente al arquero Mostafa Shobeir Oufa y le ganó el duelo abriendo el pie derecho para colocar el balón en una esquina inferior. Gol, 1-0.

Las manos a un costado de sus orejas, en modo Topo Gigio, frente a un público efervescente, con muchos brasileños que ya respiran el ambiente de la Copa del Mundo, que arranca el jueves próximo, y sueñan con el hexacampeonato.

Sin embargo, en una ráfaga de seis minutos, todo se volcó en sentido contrario. Una doble pesadilla. Primero, porque el error ahora sería de la defensa de la Canarinha. Más específicamente de Marquinhos, el zaguero que una semana atrás levantó su segunda Champions League con Paris Saint-Germain.

Apresurado por adueñarse de una pelota que había quedado suelta y corta, decidió retroceder el juego hacia los pies de su arquero Alisson, con el que jugó de memoria. Nunca percibió que entre su propia defensa había un infiltrado, alguien muy despierto y esperando la decisión que efectivamente ejecutaría el defensor, de 32 años.

Era Mostafa Ziko, delantero de 29 años, que también quedó cara a cara con el arquero de Liverpool y no desaprovechó la oportunidad definiendo raso y ajustado, similar al gol del volante de Newcastle, cuatro minutos después. También, equiparar un amistoso en el que Brasil era lógico favorito. Más aún por la ausencia de Mohamed Salah, que aguardó su momento en el banco de suplentes.

Sin embargo, en medio de noticias constantes acerca de diversos lesionados en muchas selecciones y a tan pocos días del comienzo de la máxima cita, la Verdeamarelha no estuvo exento de la cuestión con su lateral derecho titular. Sobre el cuarto de hora, Wesley quiso perseguir desde atrás el ataque egipcio sobre su zona y enseguida debió frenar la marcha.

Levantó la mano pidiendo frenar el encuentro y solicitando la asistencia de sus médicos. Miró el césped en todo momento, frustrado y preocupado, a la espera de la atención, aunque el detalle clave llegó al evidenciar la zona en la que sintió algo como para no exigirse: se hundió los dedos de su mano en el aductor de la pierna izquierda, lo que -en primera instancia- invita a pensar en una lesión muscular y solo queda conocer su gravedad para concluir si queda excluido del Mundial o los tiempos de recuperación permiten mantenerse en la delegación.

El primer tiempo continuó con un Brasil claramente dominante y dos situaciones claras que no pudo traducir en gol. Un mano a mano de Igor Thiago y otro de Vinicius Junior, ambos bien tapados por el rápido achique del arquero africano. Habría que esperar el segundo tiempo para que el resultado se modificara.

En medio de una catarata de cambios brasileños (ocho) antes del inicio del complemento, al que Egipto se sumó con apenas dos modificaciones (ingresó Salah), entró el hombre que le daría el triunfo a Brasil. Como en la primera mitad, inflando la red en los primeros minutos.

En este caso, no por un error del rival, sino por mérito propio del fútbol vertiginoso que sus delanteros pueden aportarle al seleccionado del técnico italiano. El equipo presionó alto sobre el lateral derecho egipcio, arrebató la pelota y Raphinha, futbolista de Barcelona, desbordó por la izquierda y asistió de la forma que más duele: con un pase hacia atrás, en sentido al punto penal, dejando a contramano el retroceso de la defensa y muy cómodo a Endrick: su zurdazo de primera, cruzado, entró cercano a un ángulo.

Ese futbolista que el propio entrenador dejaba fuera del campo durante la estadía compartida en Real Madrid es al que apuesta en esta nueva experiencia juntos, muy importante para ambos. Un momento dulce para el joven de 19 años: su decisión de irse cedido a Olympique Lyon fue acertada, logrando continuidad y algunos goles que elevaron su autoestima.PublicidadPublicidadPublicidad

Brasil, desde entonces, se dedicó más a cuidar su parado en el campo más que a buscar ansiosamente un tercer gol, digno de otras épocas. Así, salvo algún disparo desde media distancia, no corrió riesgos. Quizás, el estilo Ancelotti pasará por ahí: imponerse y ser ordenados. Un estilo diferente, pero al que apostará para hacerse un bien que hace rato no consigue.

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